El mismo día que sale en la prensa que Gerardo Galeote (ex eurodiputado del PP) se libra de las acusaciones que le tocan dentro del Caso Gürtel porque los posibles delitos que habría cometido han prescrito, nos enteramos de que el gobierno, con la señora González-Sinde a la cabeza, va a obligar a la Audiencia Nacional –un tribunal de excepción que en este país se ocupa de todo lo que tiene un difícil encaje jurídico– a pronunciarse en menos de cuatro días sobre el cierre de las webs que faciliten contenidos protegidos o enlacen con otra webs que lo hacen. De todos modos qué se podía esperar de una persona que jamás debería haber sido nombrada ministra de cultura por el claro conflicto de intereses que representaba ese nombramiento. Se podrá decir que de siempre por el Ministerio de Obras Públicas, o Fomento o como se llame cada vez, han pasado personas vinculadas a las grandes empresas constructoras, o la cúpula del ejército ha tenido buenas relaciones con fabricantes de armamento... Pero para pasar directamente de la Academia de las Ciencias y las Artes cinematográficas al Ministerio de Culrura hace falta descaro.
Resulta evidente que el problema más grave a que nos enfrentamos en este país ahora mismo es el de las descargas ilegales porque de otro modo no se comprende el procedimiento de urgencia que se va a aplicar en esto en un ámbito como es el de lo contencioso administrativo que en todo lo demás tarda años en decidir sobre cualquier asunto. ¿Por qué no aplican este procedimiento de urgencia para los delitos de corrupción? Según la última encuesta del CIS, la corrupción de políticos y partidos va inmediatamente después en preocupación del paro y la crisis económica. Y me atrevo a afirmar que las descargas ilegales seguro que no aparecen en esa lista.

Menos mal que desde siempre ha sido un esfuerzo inútil poner puertas al campo y que estos señores y señoras no van a conseguir que paguemos una entrada por ver sus muchas veces infumables y siempre subvencionadas películas, ni que compremos la sexta versión de la misma canción con que Lolita nos castiga otra vez.
Lo malo de todo esto es lo de siempre, que todo esto costará una pasta y que, al final, una vez más, nuestros impuestos –no creo que el dinero del canon, que en ningún sitio dicen que vayamos a dejar de pagar con estas reformas legales, se destine a nuevos jueces, oficinas, etc.– van a volver a utilizarse a defender los intereses de cuatro paniaguados. Si hay que pagar algo por lo de la ceja, que lo pague el PSOE.








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La prohibición suena mal, aquello ...
Con semejantes defensores, pobrecito ...
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