Francisco Ferrer pensaba que niñas y niños debían educarse juntos en la escuela. Y no sólo lo pensó, sino que lo hizo. Con sus propios medios fundó la Escuela Moderna en Barcelona en 1901.
Hombres, hombres
Este artículo es el primero de una serie que intentará presentar conductas diferentes; las conductas de hombres que por su pensamiento y su acción anticiparon formas de relacionarse de una manera más justa, más cooperativa y, en definitiva, más igualitaria con las mujeres. Precisamente han sido ellas, las mujeres, las más adelantadas y productivas en señalar la discriminación en los roles de género y en transformarla a costa de mucha inteligencia, coraje, esfuerzo y sufrimiento tanto personal como colectivo. No siempre han estado solas. Sin negar su más que evidente protagonismo en la transformación social, queremos señalar a hombres que de alguna manera pueden suponer un estímulo para nosotros y una reconciliación con el universo femenino, tanto en su vertiente física como simbólica.
Detrás de las conductas siempre hay personas de carne y hueso. Así pues, en esta sección brillarán los nombres de esos muy escasos varones pioneros que han ganado por derecho propio el servir de referencia en su tiempo como ejemplos de que otra forma de masculinidad es posible. El grupo de varones serranos que redactamos estos artículos hemos elegido a quienes, al menos en algún aspecto (no pretendemos idolatrarlos ni arrancarlos de su contexto histórico), han sabido ser hombres de verdad. Hombres, hombres, como irónicamente titulamos la sección. Esta expresión aquilata el estereotipo del hombre patriarcal, con todo lo que se espera de nosotros. Vive en el subconsciente de toda persona castellano parlante con más fuerza de la que a veces creemos. Aquí la expresión popular nos sirve para jugar, para desmontar, para deconstruir dicho estereotipo. Exploremos una forma de ser hombres “de verdad”, más personal, más libre, más rica y plural, más aceptable para esa otra mitad de la humanidad que sólo por no ser varón pierde en el día a día oportunidades, derechos, salud y demasiado frecuentemente, incluso la misma vida a nuestras manos. ¡Hombre, no hay derecho!
Este señor de la fotografía, D. Francisco Ferrer Guardia (1859-1909), tiene el mismo aspecto de burgués del s. XIX que muchos de nosotros presentaríamos si hubiésemos vivido en su época y en su clase social. Aquí donde lo ven, no se caracterizó precisamente por el conformismo. Dedicado a la pedagogía, cultivó el racionalismo pedagógico. Políticamente, participó del republicanismo librepensador en su juventud, y desarrolló más adelante una militancia libertaria. Acariciaba la idea de una generación que, mediante su educación desde la infancia, revolucionase la sociedad. En la convulsa España a fines del s. XIX, participó de dos ideas entonces bastante arraigadas entre los intelectuales: la transformación por la educación y la inquietud política. Resultó, por añadidura, fiel cumplidor de la predicción poética de Antonio Machado, quien aconsejó cuidado al españolito que venía al mundo, porque una de las dos Españas le rompería el corazón. En el caso de nuestro protagonista, la ruptura fue también física. Acusado por las autoridades, sin pruebas, de ser instigador de la Semana Trágica de Barcelona en 1909, fue condenado y fusilado en medio de un escándalo internacional. Su muerte ejemplificó los inconvenientes vitales de que las autoridades te consideren un peligroso subversivo en el mismo tiempo y lugar de disturbios con muertos y alteración inquietante del orden público.
Francisco Ferrer pensaba que niñas y niños debían educarse juntos en la escuela. Por este rasgo concreto lo traemos a consideración. No pretendemos realizar una discusión detallada de su pensamiento; queremos resaltar esta gran contribución al cambio en la relación entre hombres y mujeres. ¡Qué osadía, afirmar que ellas son iguales a nosotros en derechos y capacidades! Junto a otras muchas diferencias entre su idea pedagógica y la educación imperante en el momento, casi toda ella en manos de instituciones religiosas, él sostenía que la coeducación era el camino adecuado. Y no sólo lo pensó, sino que lo hizo. Con sus propios medios fundó la Escuela Moderna en Barcelona en 1901. Esta escuela trabajó incluso sus propios textos, al no encontrar adecuados muchos de los existentes. De orientación laica, racionalista y libertaria, incluía en su programa la educación sexual, la enseñanza individualizada para el desarrollo de cada niña/o y la abolición de los exámenes. Aceptó niñas y niños de todas las clases sociales. Hasta su clausura en 1907, mantuvo la coeducación. Muchas otras escuelas renovadoras abrieron en el Estado en los años siguientes y se inspiraron en su experiencia.
Centremos esta iniciativa en la sociedad de su época. Sólo una escasa minoría de la población tenía acceso a la instrucción, y se primaba de forma abrumadora a los varones sobre las mujeres, cuyo rol social estaba encaminado exclusivamente al hogar y no a la vida pública y profesional, salvo unas pocas profesiones consideradas femeninas. Además de esta tajante discriminación de género, existía otra fractura social: la de quienes trabajaban con sus manos frente a quienes desempeñaban tareas intelectuales. Estas actividades manuales eran consideradas entonces innecesarias para los educandos, y relegadas al mundo socialmente nada prestigioso de las mujeres y de los operarios. Pues bien, rompedor de barreras, Ferrer incluyó actividades físicas para todo el alumnado.
Ya imaginarán que no fue un camino de rosas, y que desde ciertos sectores le dijeron de todo menos guapo. Las autoridades intentaron varias veces cerrar aquella escuela. Para las mentes bienpensantes Ferrer era un revolucionario, un inmoral, un excéntrico y un destructor de la paz social. Sus razones propias tendrían, desde sus particulares intereses y visión del mundo, para catalogar así a quien practicaba ideas como la coeducación, tan naturales y positivas a la postre para casi todo el mundo. Hoy, cien años después, todavía existen mentes incómodas con este siglo XXI, e incluso con el siglo pasado. En la Comunidad de Madrid, sin ir más lejos, se construyen actualmente dos colegios privados que, jugando amargamente con su nombre, van a privar de la coeducación a su alumnado. Nuestra sociedad asume con orgullo sus libertades, incluida la libertad de enseñanza, pero algo debe ir mal, muy mal, cuando dichos colegios se construyen con dotación de suelo público, pues serán vergonzosamente subvencionados con los impuestos de todos. 
Aula de la Escuela Moderna
De forma más sutil, ¿estimulamos el estudio de niñas y niños por igual en las familias, o a ellas las cargamos con la ayuda en las tareas domésticas mientras que a ellos los liberamos para que cumplan con la seria tarea de estudiar? ¿Presentan los modelos sociales imperantes una imagen positiva de la mujer como persona autónoma y capaz de formarse para cualquier puesto laboral y social, sin limitación genérica de capacidad intelectual? ¿Dispone toda la población un colegio próximo con plazas libres donde estos valores sean parte del trabajo diario de profesoras y profesores? Sospechamos que aún queda mucho por hacer y mucho por cambiar. Existe una ideología androcéntrica en nuestra sociedad, tanto más poderosa y eficiente cuanto invisible resulta a nuestros ojos. Busquemos, fabriquemos lentes que nos permitan ver claramente. Somos varones inmersos en el androcentrismo desde la infancia, llenos de privilegios injustos y abrumados por un mandato de género insano. La falta de modelos positivos, diferentes, es otro factor que nos impide contrastar y tomar conciencia de la realidad.
Aunque no hubiera la menor pretensión de reconocimiento y resarcimiento póstumo hacia Francisco Ferrer Guardia, sesenta y pico años después de su muerte el Ministerio de Educación entendió que la coeducación era idónea y necesaria para la formación de todas y todos, y la instauró en la enseñanza pública española de forma universal y obligatoria. Sirva este dato histórico como epílogo agridulce (por tardío y por proceder del Estado que persiguió a un Ferrer que renegaba precisamente del Estado) a una parte de los esfuerzos pedagógicos de un hombre pionero en dar una respuesta constructiva, pacífica e inexcusable a la discriminación de género en la educación.
A continuación algunos enlaces de interés:
http://www.laic.org/cas/fig/index.htm0
http://www.redined.mec.es/oai/indexg.php?registro=014198600082
http://www.invenia.es/oai:dialnet.unirioja.es:ART0000111207
http://heterodoxia.wordpress.com/
http://www.elpais.com/articulo/madrid/Aguirre/cede/suelo/Opus/centro/separa/sexos/elpepusoc/20090207elpmad_10/Tes








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