Nixon ha ganado las elecciones y la guerra de Vietnam. Se dispone a entrar en un intercambio de misiles con la Unión Soviética. La guerra fría se ha calentado. Y en el ínterin templado un grupo de fanáticos ha empezado a disfrazarse para combatir el crimen. El gobierno decide que puede utilizar la coyuntura para conseguir sus propósitos hasta que los travestidos supermanes empiezan a dar problemas. Cuando dejan de ser útiles, su actividad se proscribe. En esa situación, uno de estos protohéroes, quizás el más sanguinario de todos ellos, es asesinado. Partiendo de esta trama básica Alan Moore al guión y Dave Gibbons a los lápices trazan una historia sobre el fascismo potencial de los estados, de su poder sobre los individuos, y de la indefensión del pueblo frente a los vigilantes. De hecho la maltrecha ciudadanía se pregunta en el cómic: “¿quién vigila a los vigilantes?”.
Watchmen no deja de tener vigencia hoy, como casi toda la obra de Moore, guionista libertario, que retrata el poder y su industria en metáforas ucrónicas e investigaciones no tan símiles. También se ha hecho famoso por abjurar de todas las adaptaciones al cine que han sufrido sus libros. Y por donar los beneficios que le correspondían, en concepto de derechos de autor, a diversas organizaciones anarquistas inglesas. Pero repasemos los títulos para llegar a la que nos ocupa, de reciente estreno y, probablemente, la más fiel al guión, que no al espíritu de la novela original.
La liga de los hombres extraordinarios modificada absolutamente, con un Tom Sawyer metido con calzador para gustar más a los lectores yanquis. Como si en la versión española hubieran metido al Capitán Trueno por las buenas.
From Hell totalmente masacrada, entre otras responsabilidades la de un Johnny Deep sobreactuado y ridículo. Lo que en cómic es la historia bien documentada del Londres de Jack el Destripador se convierte en el celuloide en una broma psicotrópica.
V de Vendetta, probablemente o, al menos para mi gusto, el mejor cómic de Alan Moore. El libro más explícitamente político de los que ha firmado y el peor tratado en la pantalla. Especialmente maltratado un final imprescindible que se convierte en un juego pequeñoburgués en manos de James McTeigue y los Wachowski, una revolución de terciopelo, de las que gustan, de las que hemos vivido hasta ahora en las que todo cambia para que nada cambie.
Y llegamos a Watchmen. Una película en la que el director parece un fiel seguidor de Moore, pero un seguidor de todo a cien. El guión es prácticamente idéntico pero algo falla. Personajes que en el cómic son absolutamente despreciables se convierten en héroes (en el libro no los hay), el fascista Roschard llega a caer simpático. Y la impresión no es que se haya querido modificar la historia original, sencillamente que no es una historia escrita para el cine. Y mucho menos para el cine de Hollywood.
En definitiva, el medio es el mensaje. Lo dijo Marshall MacLuhan y tenía razón. La dinámica propia del cine, así como la lógica interna del cómic, son esencialmente diferentes aunque muy parecidas en algunos aspectos. Se puede hacer un producto parecido, pero no el mismo producto. Y si en una novela gráfica los contenidos predominantes no son el show ni la estética del héroe-protagonista, es imposible llevarla a la pantalla para transmitir un mismo contenido, a pesar de la similitud formal del continente. Siempre funcionará mejor en el cine, tan simple él, Spiderman.








Por supuesto, sería mucho esperar del cine, industria totalmente dominada por intereses económicos y propagandísticos, parir algo mejor de lo que han hecho con Watchmen... ¿y luego se asombran si ya no va nadie?
Un saludo,